Performance de realidad

He terminado un libro fabuloso de artículos de Joan Didion, en uno de ellos habla sobre una violación que tuvo lugar en Nueva York un 20 de abril de 1989. Este 20 de abril de 2013 celebramos una jornada feminista en ESA Salamanquesa, pensé que era una espeluznante y gran coincidencia. Después decidí seguir con el libro de memorias de Nadiezhda Mandelstam, Contra toda esperanza. Luego llovieron las noticias, me expuse, como cada día, al aluvión de noticias; viví, porque yo vivo y ando y camino y he de desplazarme y me gusta tomarme una caña con una amiga y deseo fervientemente que cada día sea el mejor día. Pero vivo, vivo con toda la piel, oigo con mis oídos, veo con este par de ojos y ¿por dónde siento?

Esta mañana vi el documental Marina Abramovic. The artist is present. La veo chocando una y otra vez contra una pared, abofeteándose con Ulay, dibujando en su piel con cuchillos. Tengo en mí su dolor, su desconcierto y su empeño más allá de cualquier otra consideración. Aún no he cogido suficiente distancia como para entender que el cuadro está mal pintado, que el primer trazo y el último son de tamaños insondablemente distintos. Me voy acercando. Noto que mi piel exuda, que algo se revuelve en mi tripa. Cómo envidio a Marina y su valor, su genialidad firme y vulnerable al mismo tiempo. ¿Será eso? ¿Acaso será eso? ¿No dejarse nada dentro, hacer de lo privado algo público, algo político, algo autónomo y vivo hasta que no haya más sangre ni verdades?

La performance para hoy sería ésta: Siento con la desesperación, la impotencia ante tantas y tantas injusticias, algunas gritadas, expuestas y luchadas; otras soterradas, invisibles por lo normalizadas. Siento desde la rabia de mi ser descubierto y la osadía, la sinvergüenza, la misoginia de quien se cree con derecho a violentarme, a increparme. “¡¡¿Quien eres?!! ¡Mírame y dime quién eres! “ Me gustaría coger sus manos, empujar su cuerpo contra el suelo, sentarme sobre su pecho y con la cabeza en mis manos desahogar mis sentimientos: “¡¿Quién eres?! ¡Dime, dime, dime, quién diablos eres!”

Ojalá mi sentimiento pudiese instalarse en sus huesos, recorrer cada célula y hacerles ver lo que yo veo. Ojalá mi sentimiento fuese un virus, polen en primavera. Ojalá nadie, ojalá nunca.

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