De toda la vida

Olvido el primer recuerdo. De siempre,
de toda la vida atada a mi cuello. Caíste
a un hermoso silencio que tejí entre los dedos.

¿Qué fue primero, el pensamiento
o el habla? Nos dejó ciegas en tu grandeza,
tu espesor a veces tan opaco, tan imposible
tocarte. Fue de siempre, de toda la vida.

Ha de haber un motivo, me dijeron.
No lo creo.
Ha de emocionar, sorprender, innovar;
decir lo de siempre distinto, lo de nunca
antes dicho por otras, hacer mucho ruido.
No quiero.

Tú me oyes, ¿no es cierto?
Tú escuchas. Cualquier color tan bueno
como el acallado murmullo; tan malo
como el primer verso.

Invento oraciones que, por supuesto,
no invento. Si trazo y repaso, me aíslo o te tengo.
De toda la vida enganchada a mi cuello,
sembrada en procesos que a penas entiendo.

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