Feminismo y salud

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Hace ya tiempo que sé que muchas de las dolencias y/o enfermedades son una reacción de nuestro cuerpo ante emociones, sentimientos, situaciones que no sabemos o no podemos resolver como se merecerían. Somatizamos y eso nos hace empeorar y profundizar en la enfermedad.

Creo que todes tenemos esas dos, tres o cuatro cositas que nos pasan con mucha frecuencia, ¿verdad? A mí, entre otras dos o tres, me da por la cistitis. Una de las cosas más molestas que pueden suceder.

Al principio, como buena joven de mi tiempo, me di a las pastillas sin tratar de entender nada. Cuando comprendí que era una cosa demasiado recurrente traté de averiguar porqué aparecía, en qué situaciones y lamentablemente las explicaciones no ayudaban demasiado: que si infección por limpiarse mal el culo (sí, sí, tal cual), que si la uretra es muy corta, que si después de tener relaciones sexuales y qué a saber de qué tipo (sí, amigues, eso me dijo mi médico de cabecera, creo que se refería al sexo anal), que si es más común en las mujeres… Nada, vaya.

Lo máximo que conseguí averiguar es que se podía tener que ver con las relaciones personales, algo de ira y frustraciones no resueltas… ¿No os suena a que somos unas histéricas y por eso se da con más frecuencia en las mujeres? Y ahí seguí yo cada vez con menos cistitis, un poco más consciente pero sin ninguna solución que me convenciese. Pero en la última semana la cistitis ha hecho su aparición y, esta vez, fíjate que ni hay relaciones sentimentales, ni sexuales ni na de na (que no será por falta de ganas, eh). Así que vuelvo a investigar, ¿qué emociones se asocian con la cistitis? Y por suerte encuentro un montón de información muy útil. Encuentro que se relaciona sobre todo con acumulación de frustración y rabia (o enfado o irritación, como lo queramos decir), emociones no expresadas, no canalizadas y a veces ni siquiera dichas a una misma. Que ni nos lo permitimos, vaya. Y el disgusto frente a esos acontecimientos nos produce una tensión que inflama la vejiga.

A partir de ahí decido observar en lugar de agobiarme, decido que respiro y me relajo (lo mismo que si estuviese de parto, fluir con el dolor/molestia). Y entonces surge un patrón: nada de relaciones ni leches, ni sexo hetero ni mandangas, resulta que mi cuerpo dice que no cuando le obligo/me obligo a situaciones en las que no quiero estar, cuando estoy a disgusto, vaya. A disgusto emocional y físicamente. Cuando hago cosas que no quiero hacer o que al hacerlas me molestan profundamente y me dejan vulnerable y desprotegida (de ahí que el calor funcione tan bien, arroparse, sentirse a gustito, irse dando ese cobijo que nos pide el cuerpo y el alma a gritos). Desde luego a mí me suena a frustración, efectivamente, a impotencia, a rabia. No quiero pero lo hago y me enfado, pero no sé qué hacer con ese enfado y aún me enfado más…

Anda, ¿no os parece ahora que tiene más sentido eso de que la cistitis se de más en las mujeres? ¿No empieza a sonarnos, a resultarnos de lo más familiar? ¿Cuándo y cómo nos permitimos, se nos permite quejarnos, cagarnos en todo, gritar y maldecir y decir que no, coño ya, que no? ¿Cuándo, nosotras mismas, nos escuchamos y decidimos hacer los cambios necesarios en lugar de “torturarnos”, mantenernos en situaciones que no queremos ni nos son beneficiosas?

A mí desde luego me parece algo interesantísimo sobre lo que indagar y a partir de ahora empezar a hacerle mucho más caso a mi cuerpo, que es requetesabio y me manda señales de alerta más que evidentes a las cuales muchas veces ignoro o directamente me inflo a medicamentos.

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