O minha menina, minha querida

Tuerces el cuello como tordo pequeño,
qué delicada luce tu piel en mis manos,
tiritando erizada al embite del viento.

Te curo poniéndole todo mi esmero
y retiro con cuidado algún cabello
para que nada te roce excepto mis dedos.

A penas diez centímetros cuadrados,
nada más necesito ni deseo:
aliviar tu escozor con agua fría,

quitar los restos de piel muerta
para que crezca nueva como el ave
esa que decís que querés ser.

Extiendo la crema que ha de curarte
y decís que por ahí te dolió un poco
pero que aguantás y sabe bien.

Yo hago circulitos con el dedo
y noto en mi yema tus cicatrices abultadas,
giro como si el universo todo fuese a hablarme

de lo linda que sos, de lo perfecta.
Como si pudiese revelarme, al fin, esa receta,
esa en la que soy quien quiero ser.

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