Meridianos

Dibu

A veces somos cosas pequeñas, cosas minúsculas sin otras personas. Y no lo sabemos, no sabemos cuan limitado y opresivo es el cercado, no sabemos que nos duele hasta que el sol va poniéndose y el aire corre libre como ese trocito de alma que saltó la valla, que miró el huequito y vio que algo faltaba.

Me pidió que le enseñase los pies y no quise pues ¿cómo podía saberlo? ¿Desde qué parte de su ausencia pudo ver entre los pliegues del tiempo? “Déjame ver tus pies”. Y yo que no, que no quiero.

A veces me asusta que me aburra, que mire como viendo por encima, luego estoy a solas conmigo, me siento y me recuesto y sé, saber con certezas del cuerpo, que vuelo libre y ligero, que mi camino es más profundo y más sincero. Ahí es cuando comprendo lo chiquita que soy y cómo esa pequeñez me hace inmensa.

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