Cambiar, cambiar, cambiar

imageimageimageimageimage Sólo cuando pasa el tiempo tienes el encuadre perfecto, quizá por escribo y no me dio por la fotografía, las tortugas nos tomamos nuestro tiempo. Marc fue un anfitrión estupendo a pesar de que el día empezó con la moto y conmigo por el suelo (consejo número 1: no quedéis con alemanes que viven en el maldito medio de la cuesta más empinada de toda la isla. Consejo número 2: no os paséis de largo la casa y tratéis de dar la vuelta en la cuesta más empinada de la isla el segundo día de conducir una moto). A mi ya conocida teoría de que todas las ciudades son iguales (vista una vistas todas), añadiré una nueva: todos los países son el mismo. Punto y aparte. Supongo que porque toda la especie humana tenemos, prácticamente, las mismas necesidades y porque el capitalismo opera lo mismo en cualquier parte del mundo.

Playas, jungla, bungalows, ducha, Leo’s, mercado nocturno y cena. A eso le llamo yo un día perfecto.

Puedes caerte y ponerte la rodilla bonica, pero como las tortugas somos cabezotas (o más bien duras pero sabrosas) la frase del día fue “I don’t wanna be afraid”. Y Marc, con infinita paciencia: “no, you don’t have to but a little bit is good”. “But I don’t wanna be afraid”. “Ok, ok, it’s up to you, just put on the focking helmet”.
Y cogí la moto y me fui a recorrer la isla y llegué a un sitio paradisiaco donde sólo Belén se olvida de llevar gafas y tubo y se pierde todo el encanto submarino. Pero estaba yo tan feliz de lo bien que estaba conduciendo que la suerte se vino conmigo: comí el mejor tzatziki del mundo (consejo número 3, si vais a Koh Phangan parad en el puestecillo-restaurante-panadería de Ike. Carretera de Thong Sala hacia Chaloklum, en la recta antes de las primeras cuestas).

Ike el griego me pregunta por la situación en España, yo le pregunto por la situación en Grecia. Ike dice que Syriza apesta y que los bancos gobiernan el mundo, amén a eso. Ike hace queso, pan, galletas, mermelada, musaka. Todo casero. “Good luck”.

Con 2.000 bhats menos en el bolsillo (malditas cuestas del infierno) pongo rumbo a Chumpon. Cuatro deliciosas horas en barco, sentada a estribor con los pies colgando y un sin fin de peces voladores siguiéndonos el rastro. Es entonces cuando decido que Madrid no tiene ningún sentido y que yo quiero brisa, sal, agua, tirantes y andar descalza. Valdrá mucho o valdrá poco pero esta vidita mía es la única cosa sobre la que tengo algún tipo de competencia.

Motín en el autobús con cuatro argentinas dos israelíes y unos pocos despistados. Qué les pasa con el aire acondicionado?
Volver a Bkk después del paraíso es duro, pero volver a Bkk y que el autobus te deje en Kao San road es un verdadero infierno. Gracias al consejo de Alba desayuné en el Geko tratando de decidir qué paso será el correcto.

Adiós turistas, adiós inglés, adiós nada de lo conocido. Soy la única guiri del bus y se ríen (mejor no entenderlo). A mitad de camino paramos y consigo entender que comemos y vamos al baño. Cual “farang” monguer no sé que sí presentas el billete te dan gratis el papeo, para cuando lo entiendo el autobusero se ha ido a aparcar no sé donde con mi billete y mi dinero. Obvio soy la única que no como.

No querías norte? Bienvenida a los 40 grados, duerme si puedes, bonita.

Mi piel intenta juntarse de nuevo y eso duele, duele cuando ando y yo voy y ando y todxs me miran raro y me dicen que 1,5 km es muy lejos. Sí, ahora lo entiendo, intentar moverte con 40 grados y el sol en la cabeza es un deporte de riesgo. Por las diosas, que lleguen ya las tormentas!!

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