Autoinculpación

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Lo que es importante no tiene ni un poquito de importancia, lo que te dicen que ES importante cuando dejas de hacerlo no pasa absolutamente nada. ¿Cómo puede ser que seamos tan críticas con algunas cosas y no caigamos en la cuenta de otras tantísimas? “No, no, es que eso que ponen en la tele; es que eso que dice flusquistrusquis”. Aah, ya, que esa es la verdadera, esa, justito esa. Ahí tengo que poner mi atención porque, mujer, por favor, es que no te centras.

No, definitivamente no me centro ni ganas que tengo. ¿Sabéis esas bonitas clases de literatura en las que alguien decidió quiénes eran los genios, qué había que leer y cómo interpretarlo? Porque ESO era lo importante, no que no hubiese mujeres, no que se sesgase y parcializasen los contenidos, la historia. Porque esas otras verdades, amigas, ya lo sabemos, las aprendes más tarde rebuscando en otros cajones.

Así que me vais a disculpar si estoy más que harta de lo importante, de que nuestra agenda no sea nunca nuestra. Sí, sí, lo sé, hay una gran parte de drama y realidad diaria, cierto, no soy idiota. Sé que hay necesidades básicas, sé que hay represión que hay violencias, sé que la vida está llena de situaciones jodidas y que en muchos casos hay responsables directos que deberían pagar por ello. Claro que lo sé y quiero seguir combatiendo contra ellas aunque ya no más del mismo modo ni desde el mismo lugar.

Porque no pienso mirar tus noticias ni hablar de los temas candentes ni aceptar como mías tus costumbres ni perder mi tiempo con quien en el fondo me humilla. No pienso mirar donde se supone que tengo que mirar porque allí no hay nada para mí, es un maldito agujero donde yo no encuentro vida. Estoy cansadísima de las estructuras que nos han construido, estoy hartísima de la humanidad, del capitalismo y de su incompatibilidad con la vida.

Que sí, que sí, que muy bien, pero creo que si realmente dejásemos de mirarles en absolutamente todo lo que pudiésemos (sé que estamos dentro y que se llega hasta donde se llega, sigo sin ser estúpida), pero de verdad, si dejásemos de ser su maldito reflejo continuo en lugar de seguir agarradas por el miedo. Nada va a pasar, absolutamente nada por dejarles a un lado, al contrario, qué felicidad, qué alegría, qué maravillosa sensación de recuperar nuestras vidas. Nues-tras vi-das, joder. Que es lo único que tenemos, que es nuestro mayor bien y responsabilidad.

Lo siento, me puse pesada, pero tengo mucha bronca con la normalidad y el miedo. Ya yo me cansé, ya yo me miré y asumí que no, miren, que lo siento pero éste no es mi juego. Seré una traidora, seré una comeflores, seré lo que sea que sea, pero soy lo que me da la gana y aquí me bajo porque mi tren, ahora bien seguro, pues simplemente no es.

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