La deriva de los días que no fueron

1250867230_4baja_jpgHabía tantos perros gruñendo, voces bramando directamente en el oído. Tú rezabas bajito por un poco, sólo un poquito de pacífico silencio. Belén Gopegui lo escribía todo como si fuese niebla ligera que se extendiese por, entre y hasta. La amaste pero no querías ser ella; tal vez su entonación, es posible que quisieses transformarte en la modulación de su voz y después en el impacto al chocar con todos esos seres humanos. Querías ser cada conexión neuronal, querías ser la semilla que sus palabras siembran. Pero es que hablaban tan jodidamente alto.

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