Termitas

Estás haciendo las maletas, dos muy grandes y otra más pequeña. Tienes varias cajas de cartón y te gusta no rotularlas porque así te sorprenderás cuando las abras (aún quedan varios días para ese momento, no tienes prisa). Tienes miedo y a la vez estás tan emocionada y tan contenta. Algo te presionó, es difícil ver las cosas mientras están sucediendo, no te dejaron decir tus palabras y casi consiguieron que las olvidaras. En cambio, ahora que te marchas es como salir de debajo del agua cuando piensas que esa brazada será la última si no consigues sacar la maldita cabeza fuera. Y ni una ballena armaría tanto escándalo con esa bocanada que te recuerda la línea tan delgadita que separa el estar viva del estar muerta.

Mirarás veinte veces el billete cada día, lo besarás cuando nadie te mira y darás vueltas sobre ti misma como si te hubiese tocado el premio más importante de tu vida. Tu vida. Mirarte al espejo y decir: “Yo soy esta. Yo te saqué de la mierda, yo te salvé. Mi cuerpo, mi voz, mi alegría, yo te salvé con cada sonrisa. No lo olvides, te di todo lo que tenía, hasta el último gramo de entusiasmo, hasta que se secaron los pozos y me quedé vacía. Hasta entonces, te di todo lo que tenía.”

Has leído cada artículo, cada crónica y de un modo casi anélido has conseguido escarbar en el tiempo y salir por otro lado. Aaaah, sí, qué tiempos aquellos, qué maravillosos tiempos. ¿Recuerdas el control del aeropuerto y el pánico? Cómo no acordarse, pero sin duda luego ganó la comida. Algo últimamente te lo está recordando. Suerte que tienes un billete y una mochila, suerte que ahora te mudas.

“No me miraste demasiado, no en lo interior, en lo profundo. No te interesaba demasiado excepto para lo que te servía. Guardaste algunas cosas, las retuviste, pero al final del día sólo era un salvavidas, el saquito de pulsiones, el lugar donde vomitas.”

Te recuerdas que habrá facturas, que día a día sacarás la basura, que habrá plazos y toda las alternativas. Sabes quien eres al menos media hora cada día, eso te mantendrá lúcida, te hará explorar cada rincón y potenciarlo. Sabes que vas a explotar de gozo, a reventar cada costura de tu carne.

“Está bien si no puedes sostenerlo, si tienes demasiado miedo. Pero no se te ocurra ponerme en esa oscuridad que a ti te habita, no se te vaya a pasar por la cabeza ponerme un cartel y hacerme bailar como si fuese otra persona. Lo que yo te ofrezco es luz y es vida, lo que te he dado cada día son puros chorros de vida y hay que tener mucho valor para quedarse conmigo en el centro y sostenerlo, para decirle sí a la vida. Está bien si no los quieres, pero no me conviertas en una pobre caricatura de mi misma, no se te ocurra ensuciarme ni un día más con tu negrura.”

Haces las maletas y no hay forma alguna de que no sonrías.

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