In a world

La estupidez humana no conoce límites ni fronteras, por suerte tampoco el amor y la entrega. En cada época, cada generación o siglo nos enfrentamos a distintos desafíos, la mayoría de ellos exactamente los mismos que hace mil años: guerra, colonialismo, explotación, violencia, machismo, injusticias sociales, hambrunas. Si una mira en perspectiva se da cuenta de que nada ha cambiado a pesar de haber cambiado completamente. Que ahora dispongamos de cierta tecnología sólo acelera y en algunos casos embrutece, pero oye, todo lo demás ya andaba por ahí, nada nuevo bajo el sol, ¿cierto?

Así que supongo que lo único que podemos hacer es seguir diciendo “no, esto no, esto no está bien, miren todos ustedes, esto no se puede consentir”. Eso y construir, construir en la medida en la que podamos (relaciones, educación, consumo, alimentación, crianza). Quizá soy pesimista pero, sinceramente, no creo que nada vaya a mejorar así como “de verdad”, de esto que un día te levantas y ya nada es igual y la riqueza se reparte de forma justa y ya nadie explota territorios ni personas, la gente no quiere poder ni riqueza por encima de otras personas, el heteropatriarcado ha volado por los aires porque todo el mundo ha hecho un curro personal de deconstrucción y vuelta a construir, no hay racismo, ni homofobia, cuidamos el planeta y lo respetamos. ¡Aleluya!

Ya, pues no, ni de coña, eso no va a pasar, lo siento. Para empezar, hay gente que no tiene a penas ni comida que llevarse a la boca, ve ahora y  cuéntale que hay que deconstruirse y reciclar y consumir de manera responsable… Whaaatt?? Hay gente que vive en condiciones que ninguna de nosotras puede ni siquiera imaginar. Y no me refiero únicamente a condiciones de habitabilidad o salubridad, que también, me refiero a esa exposición constante a la violencia, al control, al miedo, a la incertidumbre de un mañana. Incluso en la solidaridad hay brechas y abismos, incluso con las mejores intenciones las cosas no son nada sencillas y hay jerarquías y bli bli, blabla.

De pronto no alcanzarlo todo ni siquiera me parece tan malo. Escuchemos, escuchemos las voces que nos llegan. Y ni siquiera todas, eso sería imposible, cómo voy a involucrarme en todo, cómo voy a estar al tanto de todo. Confiemos en que haya gente haciendo sus pequeñas cosas por todas partes, confiemos en que nódulo a nódulo algo irá cambiando. En eso no ayudan las redes sociales, ¿verdad? Las presiones siempre existieron.

Bueno, pues de momento ésto es lo que haré: “De nuevo estar. Estar y ver. Y verlo todo lo que está tal como es, sólo mientras está hoy, como no sabemos si estará.” “Esos días, los más largos de mi vida, los más tranquilos, nos dedicamos, ella y Yo, cuidadosamente, a existir.”

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