Bethlehem – Palestina

Imagino que tendría que ser algo similar al de Berlín, yo nunca había visto algo parecido. El muro. El muro como presencia, como sentencia ineludible. El muro. Claro que va más allá del hormigón, de las alambradas, de las torretas. Es el acoso, el encierro, la humillación. Es el sometimiento máximo: harás cómo y cuándo yo quiera. Ahora te pongo, ahora te quito, ahora puedes esto mañana quizá ya no.

Como dice Bárbara, lo peor es que a todo nos acostumbramos. Me hizo reflexionar sobre qué niveles de violencia tolero y creo, sinceramente, que más altos de lo que debería. Pasamos ya por encima de tantas y tantas cosas. Alavada sea la frivolidad.

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De pronto un mini comando de militares aparece por la cuesta, todos con sus uniformes, sus cascos, sus rifles de asalto. Y ya ves, seguro que al final nadie les hace demasiado caso, un ligero respingo, la cara inevitable de culpabilidad que se nos pone a todo el mundo en presencia de policías, militares, etc.y mirar hacia otro lado. Joder, si eso no es violento que venga dios y lo vea, pero ves, ya le quito importancia, ya lo echo a un lado para decir que bueno, lo importante no son ellos son las personas que allí viven. Joder, cómo que no son importantes si son una de las herramientas que se utilizan para el acoso, el terror, y la ocupación.

Hablo por hablar, claro, no puedo tener ni la más remota idea de qué sienten las personas palestinas y además dentro de ese grupo estarían un montón de realidades distintas, trato de imaginar desde mi propia experiencia, lo cual puede no estar ni de lejos acertado. Al menos a mí me sucede que cuando siento algo como inevitable, inevitable porque no está en mi mano cambiarlo (o al menos así se siente, quizá sea otra de las muy refinadas formas de sometimiento), pues cuando lo siento así, finalmente acabo ignorándolo, aceptándolo, integrándolo de un modo que da miedo.

Qué barato les sale siempre a los verdugos, a los opresores, a los humilladores, a los manipuladores, a los violentos, a los maltratadores. Qué barato, madre. Y en cambio cuánto se le exige a la otra parte, cuánta presión, cuánto juicio. Por si es que no teníamos bastante.

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Entrada al campo de refugiadxs de Aida. En medio de la llave está escrito “Not for sale”. Pelos de punta.

 

P.D. Fue un auténtico placer conocer a Marwan, un auténtico placer ir con Bárbara y ver a través de ambos pares de ojos. Que nos contasen desde la entraña. Espero tener ocasión de volver bien pronto e ir a Hebrón y Ramala.

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