Shalom – Salam

Más apuntes tierrasanteros.

En el Mar Rojo me alojé en un shelter de evangelistas. Además de que el lugar es precioso, la gente fue absolutamente encantadora. Os dejo un vídeo que grabaron mientras yo estuve, por ahí salgo en alguna escena.

El shelter se convirtió en un lugar de refugio para muchas personas sudanesas que huyeron durante el genocidio en Sudán del sur y Darfur. De aquella experiencia queda un libro muy recomendable (A people tall and smooth. Stories of escape from Sudan to Israel) y varias familias sudanesas que se asentaron definitivamente en aquella zona, a pesar de la terrible ley de inmigración israelí que hace pocos años ordenó la expulsión de todas estas personas y su traslado a Sudán del Sur, un país inexistente y devastado. Como siempre y en todas partes lo que hace la diferencia son las acciones de unxs pocxs frente a las políticas de unos y otros gobiernos o estados.

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De este lugar me llevo, además de las maravillas del mar (jamás había visto unas aguas tan, tan azules) y del desierto, dos cosas: la primera, un buen puñado de reflexiones sobre el concepto de “comunidad”, sobre compartir y respetar, nada de tolerar, no me gusta nada la maldita tolerancia, si no de integrar, de acoger en la diferencia. Eso mismo que hacemos en nuestras redes aquí mismo, en nuestros espacios okupados y habitados, en nuestros barrios. No estamos tan lejos,  creedme. A mí me conmovió profundamente y me encantaba escuchar hablar a Judy, una mujer que nada cada día una hora en esas aguas maravillosas y pregunta a todas y cada una de las personas con auténtica curiosidad e interés. Nada se escapa de sus ojos inquisitivos pero afables.

Comidas comunes, tenderetes en la playa que se comparten con quien lo necesite: sombra, gafas, tubos, crema, agua, rooibos, helados, galletas, zumos, pulseras, tiendas de campaña, ajedrez. Desde el primer día, Elisabeth me acogió como una más y allá que iba con el grupo a donde iban. Una lástima no haberme podido quedar más días para ir con el grupo a pasar la noche en el desierto y para hacer buceo en apnea con el francés.

El francés es un tipo muy interesante que conocí junto al tenderete de la playa. Había vivido en Matavenero por un tiempo, también conocía algunos pueblos de la Alpujarra. Tras tantearnos mutuamente para ver de qué palo íbamos, entendimos que hablábamos el mismo idioma y comenzamos a hablar de política, de anarquía, de viajes, de experiencias. Y del mar, siempre el mar omnipresente, es imposible obviar el mar en ese lugar.

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Y la segunda cosa que me llevo es esta frase hermosísima que me escribió Desiree (una chica californiana majísima) hace unos pocos días: “I will pray that God gives you shalom (peace) as you move forward in life”. Pues, joder, qué bien. No sé si alguna vez alguien había rezado por mí, pero me ha parecido un gesto precioso teniendo en cuenta que para ella es algo realmente importante y en lo que cree. Gracias, Desiree, muchísimas gracias.

Hay cosas muy difíciles de explicar sobre emociones y aprendizaje, no en este post que ya se ha extendido mucho, pero en otros trataré de hacerme entender sobre temas que se han colado sin yo darme cuenta, que de pronto han cobrado un sentido real y no sólo teórico. Humildad, respeto, escucha, estar en el momento, amor, comprensión más allá de estar de acuerdo, dejar fuera de la ecuación al ego, esfuerzos elegidos desde el cariño. Ufff, hay mucho, mucho lo que este verano se está quedando prendido.

Pues eso mismo os deseo yo: salam – shalom.

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