Roma

¿Será cierto eso de que todos los caminos llevan a Roma? Porque yo me levanté ayer con el firme propósito de ir a Milán, tenía hasta una lista de cosas que debía hacer allí y si hubiese tenido GPS lo habría escrito bien clarito: Destino: Milán.

Ya, pues con cada paso que iba dando más cerca estaba de Roma, inevitable e invariablemente. Desayuno, Roma. Autobús, Roma. Librería, RomaRomaRoma; Biblioteca, RO-MA. Os juro, todos toditos mis esfuerzos iban encaminados en la maldita dirección contraria y, sin embargo, los caminos se empeñaban en contradecirme. ¿O sería que muy en el fondo sí quería llegar a la estúpida Roma?

La biblioteca fue la última de las pruebas hercúleas, nada más entrar sentí que me faltaba el aire, pasé entre tres estanterías con un cartel enorme (desproporcionadamente grande para mi estado de ánimo) donde ponía CÓMICS. ¿En serio? Tiene que ser una broma, pensé. Y aún así allá que fui, como si una voz dentro de mí me dijese que así es como son las cosas, que si estaba allí sería porque era inevitable llegar a Roma. “Inevitable”, a partir de ahora esta palabra será la clave para todo, estad al loro. Tras tocar unos pocos cómics y verme a mí misma por unos segundos a punto de buscar aquellos que más gustarían en Roma, una fuerza venida de no sé donde me apartó con violencia. ¿Inevitable? ¿Cómo que inevitable? ¿Desde cuándo no puedes elegir quedarte o no quedarte, pensar en esto o en aquello, mirar cómics o ensayos? ¡Zasca! Y entonces vi la puerta, una puerta diminuta que me sacaba de aquellas malditas estanterias y me llevaba a la enorme pradera del resto de cosas que NO eran cómics. A penas sin respiración conseguí encontrar el pasillo de Ciencias Sociales y allí, oh sí, gracias diosas, un letrerito pequeño pero salvador: Mujer.

Todo esto viene a cuento de que me topé con un libro que ha cambiado completamente las cosas dentro de mí, la pieza exacta que buscaba. Quizá muchas lo conozcáis, las que no que no os eche para atrás el título: Mujeres que aman demasiado de Robin Norwood. Lo típico de que las cosas llegan cuando estás preparada para ellas cobró toda su dimensión en el mismo momento en que lo abrí. Y, más allá de mi propia experiencia personal que quizá la cuente un día de estos, os ruego encarecidamente que lo leáis. Que lo leáis si alguna vez habéis pensado “joder, qué pasa conmigo, siempre fallo en las relaciones”, si habéis encadenado más de una relación dañina y dolorosa, de esas que os tenían día y noche hablando con vuestrxs amigxs sobre esa persona, si estáis dolidxs y no sabéis dónde buscar. Pero también, y aquí viene otra parte muy importante, por favor, leedlo si tenéis a vuestro alrededor amigas, hermanas, compas, primas, madres, amantes con estas características, esas que pensáis “con lo maravillosa que es X no sé porqué está con Y, se merece algo muchísimo mejor”. Primero, porque seréis capaces de entender por lo que atraviesan y de dónde viene, y segundo porque desde ahí será más fácil ayudar y apoyar cuando lo necesiten.

Los problemas para establecer relaciones sanas en la edad adulta no son ninguna tontería y de hecho son una de las causas de mayor sufrimiento, una de las causas por las que una persona hace y aguanta cosas completamente inaceptables. Te destroza la autoestima, te golpea en los lugares más sensibles y dolorosos. Y si esto no fuera poco te deja viviendo una vida insatisfecha, sin desarrollar todas tu valía, menguando en lugar de creciendo, estancada y paralizada. Nadie quiere eso y, por supuesto, nadie lo merece.

En fin, no me enrrollo más. Estéis donde estéis en este proceso (quizá ya vais a terapia o tenéis la suerte de tener un grupo de afinidad de esos potentes con los que se habla y se repiensan un montón de historias y tenéis pensado comenzar una terapia aunque aún no lo habéis hecho; o quizá no, quizá estáis todavía en la soledad del “yo puedo sola”), por favor leedlo. Está en las biblios de Madrid, está en internet disponible y yo lo tengo y os lo puedo pasar.

Es un desafío, uno de esos que dan un miedo de la hostia y justo por eso muchas personas desisten, pero yo, que estoy justo ahí, que soy una de esas personas que han amado demasiado, que no han aprendido cómo establecer relaciones sanas, una de esas que no ha creído que mereciese ser feliz, de esas que todo su entorno ama y sabe lo que vale pero que no es capaz de sentirlo como cierto, pues si yo puedo y estoy aquí de pie sin haber entrado en pánico, venciendo esa sensación de golpe en el pecho cuando tienes que enfrentarte a verdades más que incómodas sobre ti misma, si yo he sido capaz ya os digo que cualquiera de vosotras también.

Mucha fuerza, hermanas, hay otras formas de vivir la vida aunque ahora no lo parezca.

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