Cooper

Se ha ido de mi vida tal y como llegó. Nunca supe cuándo nació y ahora no sé cuándo ha muerto. Como soy así de cursi me viene todo el rato a la cabeza la canción de Shakira: “eres lo que más he querido en la vida, lo que más”.

Creo que tuvo 13 maravillosos años y uno un poco menos bueno. Ahora es rarísimo que no esté echo un ovillito detrás mío. Una de las cosas que más nos gustaba era dormir juntxs. Adoraba estar aquí con la chimenea encendida viéndole dormir. Ha sido el ser vivo que más paz me ha dado durante todos estos años, estar junto a él me relajaba y me hacía muy feliz. Me acuerdo de Kamba, recuerdo cómo se ganó a pulso el apodo de Buda o gato budista.

Estúpidas fases del duelo, estoy segura de que despertará en cualquier momento. No puedo creer que no vaya a volver a verlo, que no restriegue su cabeza sobre mí, su ronroneo constante. No me lo puedo creer. Allí donde él estaba podía yo decir que estaba mi casa. Ahora me quedo desorientada.

Recuerdo perfectamente el primer día que le vi en aquel albergue/clínica, era un mes de agosto de 2002 y se acercó entre los muchos gatos que allí había y me lamió un dedo del pié. Así fue que me eligió. También recuerdo lo pequeño que era, cómo una noche lloraba y me desperté sobresaltada, no sabía qué hacer, nunca había convivido con un gato, pero estaba claro que algo le pasaba. Le cogí, lo envolví igual que ahora en una toalla y me lo llevé a la cama, allí pasamos la noche, la primera vez que dormíamos juntxs. Ahora ya ni podría contarlas.

Adoraba su olor, me parecía que era el gato que mejor olía del mundo.

No recuerdo cuándo empecé a silbarle, pero él siempre venía cuando le silbaba. Aquellos años de Vallekas, salía por el jardín y se perdía por los descampados. Yo me moría de la angustia cuando volvía a casa y no le vía, silbaba y silbaba hasta que le veía venir trotando.

Nada de ésto es muy poético ni está muy bien escrito pero supongo que la muerte no lo es. Imagino que en los próximos días seré capaz de algo más. De momento está aquí envueltito en la toalla y yo me siento incapaz de despedirme de él, un rato más por favor, sólo un rato más.

Mañana le enterraré en mi sitio preferido de este valle para que descanse tranquilito y sepa cuánto, cuantísimo le he querido. Espero que pueda perdonarme por este último año, la única vez en trece años que le he descuidado tanto. Lo siento muchísimo, Cooper, has sido un ser extraordinario. Te amo.

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