Carroña

Floren florecido, Floren marchitado. Rueda el destino de lado a lado mientras tú coges mi mano. Si me dejas me quedo en tus mejillas y te regalo el ombligo para que juntes, bien fuerte, tu tripa contra la mía y pueda regarte con lágrimas que me brotan de tu herida. Acaricio tu rostro y te animo a venirte conmigo, Floren Florentino. Te escruto en la distancia confiando en que halles el camino, Floren Florencio.

Estás suspendido sobre el abismo de los prejuicios, todos pendiendo de tu hilo. Así te quieren, Floren, acorralado. Bestia, hiena, alimaña. Para ellos, nada. Así te tienen, agazapado y revolcándote en la culpa, royéndote de a poquito el alma.

Ellos tienen los palos, nosotros la sangre; ellos el miedo y el odio, nosotros el coraje. ¿Qué más da? ¿Qué importa la calle, el alcohol o el caballo? ¿Qué me importan tu enfermedad o tus manos ásperas? Sólo me importan tus vísceras y tus entrañas. Quiero de ti los colmillos y el hombre salvaje para verte pelear y defenderte, para que se jodan los agoreros y seas tú el que gane.

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