Melchor

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Hablo con mi voz de nadie, grito con todo mi silencio y digo no, digo me niego. Entonces escribo en los márgenes del recuerdo, por donde gotean los olvidos, y trato de aferrarme a las presencias para que mis ojos no dejen de mirarte, para que las palabras cobren sentido más allá de estas paredes mentirosas.

La humildad es una almohada que se mulle o se hunde según el momento pero no siempre es aliada, no siempre. Porque a veces agradecer es un acto egoísta y mi gratitud hacia tus textos, hacia la foto preciosa de tu abuela, hacia un hebreo que apenas entiendo, es mi más egoísta agradecimiento.

Se existe en el recuerdo, en los fogonazos y en el misterio; se existe en las grietas y en las hendiduras diminutas de la frente. Se es en lo insignificante. Y por eso, ahora que me voy, he de llevarme restos y amuletos que me permitan caminar hacia el futuro incierto. Para que nadie diga que fue un sueño.

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