Inma

La pegatina se quedó un mes en tu taquilla cerrada. A veces entrábamos a mirarla: mañana, mañana la quitamos sin falta. Tú, en cambio, dejaste de tener miedo; quiero pensar que lo arrojaste sin más al suelo o tal vez sea que la muerte nos hace valientes y la certeza de vivir en el borde te acompañaba como un amuleto. Así me hablabas, de frente sin esconderte, la yonki más lúcida y valiente. Entonces me lo contaste, que la habías jodido justo cuando estabas a punto, que te fuiste a lo grande. Me lo contabas sin amargura, muerta de risa.

Nos quedábamos sentadas, ¿recuerdas? Ya te habías aprendido mi nombre, otro de tantos, pero lo decías como si fuese la única en el mundo. Que si éramos hermanas nos preguntaron. Y de un plumazo nos borraron las fronteras: no más uniforme ni pobrecita ni mira qué buena. Me veía tan claramente en tus ojos a los quince, diecinueve años. Tú y yo sentadas, estando.

Al final te fuiste rodeada de tu gente, como la niña de sus ojos que siempre fuiste, arropada del amor que te negaste y malvendiste, ahora sí, tuyo por fin y para siempre.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s