Lorenzo

Sales y te pones, Lorenzo, y aunque no ilumines el amanecer pones color a mis días. Sales cada mañana en busca de tu alimento: ego rancio y migajas de autoestima.

Deseas que te mire a cada instante y deslumbrarme, demandas mi atención como un niño caprichoso y sé que quieres dejarme a oscuras, puedo olerlo en tus axilas.

Apestas a cerveza y a tabaco porque eres igual aunque no quieras parecerte a ellos. Sales y te escondes, Lorenzo, por no mirarme, para no ver en mis ojos lo que yo veo.

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